ISABELLA BLOW: LA HISTORIA DE LA MUSA MÁS IMPORTANTE DE LA MODA

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ISABELLA BLOW: LA HISTORIA DE LA MUSA MÁS IMPORTANTE DE LA MODA

Isabella Blow

Ciertas personas, con su excentricidad, visión y generosidad, definieron una parte de la historia. En un mundo de genios que luchan por ser vistos y reconocidos en el ambiente competitivo de la moda, hay visionarios que observan, apoyan y amplifican su exposición. Muchos reconocen a Isabella Blow como una visionaria de matices oscuros, una amante de la moda cuya estrafalaria visión del estilo ocultaba más de lo que sus llamativas apariencias dejaban ver.

La historia de Isabella Blow se escribió con una pluma discontinua en tinta, resultado de una niñez y juventud con adversidades. En un ambiente familiar custodiado por la tragedia, la muerte de su hermano menor marcó para siempre su vida. Estos hechos resultaron en la inminente separación de sus padres y en un profundo desapego e indiferencia durante su crecimiento, dejando una cicatriz permanente reflejada en sus inseguridades y su constante necesidad de atención y apego emocional.

Su apego halló un efímero alivio en su primer matrimonio, con la oportunidad laboral de su esposo en plantas petroleras estadounidenses, embarcó una aventura hacia Estados Unidos, específicamente a Nueva York. Allí, mientras estudiaba en la Universidad de Columbia, conoció a artistas como Andy Warhol y Basquiat, volviéndose popular en las fiestas de la época debido a sus performances de striptease.


ISABELLA ENTRA AL MUNDO DE LA MODA

En 1983, Anna Wintour, editora de Vogue USA, adoptó a Isabella Blow como su asistente. Bajo su enfoque artístico, Blow valoró la inclusión de arte dentro de la moda y lo impulsó, desplazando la mirada fría y plana de la revista en la época. Este enfoque, categorizado como polémico por internos de la revista, la impulsó hacia un director más abierto a sus propuestas: André Leon Talley.

Mientras sus inseguridades crecían, fruto de un divorcio y una nueva relación, también lo hacía su adicción a las compras extravagantes. Su estilo de vida se volvió incierto, siempre agarrado de la mano con su miedo a la soledad. Dejó su trabajo con André Leon para regresar a Inglaterra en 1986 y trabajar como style editor bajo el mando de Michael Roberts en la revista Tatler.

Con su segundo matrimonio en 1989 con Detmar Blow, forjaría, sin saberlo, su relación más duradera con el sombrerero Philip Treacy, quien hizo el tocado de su boda. Isabella quedó tan impresionada, que mudó el taller de Treacy a su departamento, brindándole un espacio para trabajar y mostrar sus creaciones, volviéndose un aspecto reconocible dentro del estilo de Blow.

Después de su extravagante boda, los gastos a cargo de las editoriales para las que trabajaba Isabella explotaron debido a su gusto extravagante. Fue tanto el desborde que fue despedida de Tatler y reingresó a Vogue como Editora Contribuidora, pero el corazón de Blow no combinaba con el concepto comercial de la revista, sino que se enfocaba en los diseñadores emergentes y sus colecciones de graduación.


UN FUTURO DE LA MANO CON MCQUEEN

En 1992 se llevó a cabo la pasarela de graduación más grande de la Central Saint Martins, la escuela más prestigiosa de moda en el mundo. Y fue allí donde la magia sucedió: entre el misterio, el gore y las combinaciones textiles adelantadas a su tiempo, conoció a Alexander Lee McQueen.

Isabella siempre priorizó sus amistades con sus contactos: introdujo a Philip Treacy a Karl Lagerfeld, otorgándole la oportunidad de trabajar en Chanel y ayudó a que los diseños de Alexander McQueen se imprimieran en British Vogue. El amor entre ambos creativos se volvió obsesivo debido a los celos que sentía de los nuevos “descubrimientos” de Isabella. A pesar de su mal temperamento, el talento del diseñador conmovía e impresionaba a su nueva musa para mantenerse a su lado.

En 1996, su legado comenzó a verse proyectado en oportunidades. Un homenaje a sus descubrimientos y carrera en el September Issue de Vogue, acompañado de la dirección creativa de McQueen en Givenchy, hicieron que su carrera volviera a lo alto. Sin embargo, Lee decidió no incluirla en su equipo creativo.


UN NUEVO PANORAMA PARA ISABELLA BLOW

Destrozada y forzada a sonreír ante este abandono, Isabella siguió probando suerte en su descubrimiento de talentos, ahora con la modelo Sophia Dahl y la guía de estilo del Sunday Times, creando junto a Mario Testino editoriales que revivieron al periódico, marcaron el año de 1997 y reforzaron el ojo editorial prístino de Blow.

Desafortunadamente, en su vida privada todo iba cuesta abajo, consecuencia de la infertilidad que sufría. El peso de las expectativas que conllevaba ser Isabella Blow generó una incapacidad de presentarse en las Semanas de la Moda posteriores. Para combatir su depresión, Isabella trabajó aún más duro con diseñadores como Jeremy Scott y marcas como Swarovski.

En este espiral de hechos desafortunados, Isabella se separó de su esposo, Detmar Blow, en 2003 y fue llevada a un hospital psiquiátrico por un diagnóstico de bipolaridad, donde, a pesar del tratamiento, su condición mental no mejoraba, así como su estabilidad financiera. Después de su salida de Swarovski y varios amoríos, Isabella tomó un camino para combatir su depresión: el alcohol.

En 2006, amigos como Conde Nast, Anna Wintour y Philip Treacy intentaron ayudar, sin éxito, a una Isabella que se dio por vencida, salvándole (literalmente) la vida en varias ocasiones, después de compartir sus pensamientos suicidas. Sin embargo, en uno de sus intentos, los doctores le detectaron cáncer de ovario. Este descubrimiento provocó que Isabella internalizara la incompatibilidad de la enfermedad con su estatus de celebridad.


EL LEGADO DE LA MUSA

Intentó reconciliarse con McQueen; sin embargo, el diseñador enfrentaba sus propios demonios, a los que le sumaba la silenciosa culpa que sentía de abandonar a la persona que lo apoyó y, después de una comunicación inexistente, lo eliminó de su testamento.

El final de Isabella en 2007 fue silencioso y conmovedor. Un último adiós en su habitación, un respiro y descanso para la musa más grande que jamás ha existido. Su vida ahora se transformó en legado y en recuerdos, tormentosos para algunos, pero sagrados para cada página impresa jamás creada en cada una de las revistas de moda en el mundo.

Este texto es un recordatorio de que cada persona tiene un mundo interno sin resolver. A veces la tristeza se convierte en trabajo duro y el talento en un escape. A través del legado que nos deja Isabella en sus amigos, como Treacy o Daphne Guinness, quien conserva su histórica colección, sabemos que vivirá para siempre.